jueves, 23 de diciembre de 2010

feliz navidad

Recordamos estos días
el nacimiento en Belén
de un niño que fue un gran hombre
pero que era Dios también.

En un portal solitario,
entre la burra y el buey,
parió la Virgen María
delante de San José.

Los ángeles anunciaron
a toda gente de bien
que por fin había nacido
el Mesías de Israel.

Y a adorarle todos fueron
hasta el portal de Belén
con sus humildes regalos:
un cordero, leche o miel.

Y hasta en el lejano Oriente
también se llegó a saber
y los tres Magos partieron
para adorarle también.

Y le ofrecieron al niño
oro por ser Soberano,
incienso porque era Dios
y mirra como a un humano.

Hoy en día celebramos
las Fiestas de Navidad
como otra fiesta cualquiera
en que no hay que trabajar

pero pocos la tomamos,
y es la triste realidad,
como cosa un poco nuestra:
Fiesta de la Cristiandad.
(Logroño, 20-XII-1979)

sábado, 18 de diciembre de 2010

oraciones

Os dejo hoy, por si os apetece leer un ratito, unos fragmentos de un par de oraciones de Santo Tomás Moro en las que desde una perspectiva más "espiritual" quedan reflejados de alguna manera el sentido del humor y el positivismo que intento transmitir desde este blog. Espero que os gusten.


DAME, SEÑOR
Dame, Señor, un poco de sol, algo de trabajo y un poco de alegría.
Dame el pan de cada día, un poco de mantequilla, una buena digestión y algo para digerir.
Dame una manera de ser que ignore el aburrimiento, los lamentos y los suspiros.
No permitas que me preocupe demasiado por esta cosa embarazosa que soy yo.
Dame, Señor, la dosis de humor suficiente como para encontrar la felicidad en esta vida y ser provechoso para los demás.
Que siempre haya en mis labios una canción, una poesía o una historia para distraerme.
Enséñame a comprender los sufrimientos y a no ver en ellos una maldición.
Concédeme tener buen sentido, pues tengo mucha necesidad de él...


EL GUSTO DE VIVIR
Felices los que saben reírse de sí mismos, porque nunca terminarán de divertirse.
Felices los que saben distinguir una montaña de una piedrita, porque evitarán muchos inconvenientes.
Felices los que saben escuchar y callar porque aprenderán cosas nuevas.
Felices los que saben descansar y dormir sin buscar excusas porque llegarán a ser sabios.
Felices los que son lo suficientemente inteligentes como para no tomarse en serio porque serán apreciados por quienes los rodean.
Felices los que están atentos a las necesidades de los demás, sin sentirse indispensables, porque serán distribuidores de alegría.
Felices los que saben mirar con seriedad las pequeñas cosas y con tranquilidad las cosas grandes porque irán lejos en la vida.
Felices los que saben apreciar una sonrisa y olvidar un desprecio porque su camino será pleno de sol....


Y digo yo: AMÉN




sábado, 4 de diciembre de 2010

receta 29

Ahora que hace "fresquito" (esta mañana he estado corriendo con mi hermano a unos 3 grados bajo cero), aquí va una receta de cuchara supersencilla y rápida de preparar y que puede servir perfectamente como plato único por ser muy completa.

POTAJE DE GARBANZOS CON BACALAO Y AJETES

Solo necesitamos un bote de garbanzos cocidos, un bote de ajetes verdes, una cebolleta, una bandeja de bacalao "desalao" desmigado (lo venden ya desalado en hipermercados y en tiendas especializadas en bacalao) y un chorrito de aceite.
En una cazuela antiadherente echamos un poquito de aceite de oliva del bueno y pochamos una cebolleta picada muy finita. Cuando la cebolla esté transpartente, añadimos los garbanzos (escurridos y lavados para quitar el exceso de sal) y los ajetes (escurridos) y damos unas vueltas con la cuchara de palo. después añadimos el bacalao en trocitos, tapamos la cazuela y dejamos hervir unos minutos sin dejar que el bacalao se haga en exceso para que no quede seco. Si nos gusta un poquito más caldoso, podemos añadir un poquito de caldo de verduras o de pescado (también los venden preparados). Removemos con la cuchara para que mezclen bien los sabores... y ¡listo!
A partir de aquí, lo podemos complicar lo que queramos, pero de este modo tenemos una receta sabrosa y con fundamento en un pis-pas.

(por cierto, la foto es de garbanzos con bacalao y acelgas)

domingo, 28 de noviembre de 2010

no hay que confundir el hambre...

Corre por ahí la idea de que para adelgazar hay que pasar hambre. ¡Craso error! Una dieta de adelgazamiento en la que se pasa hambre es, de entrada, una dieta mal planteada.
Lo que sí puede ser frecuente es que se pasen “ganas de comer”, es decir, que nos llamen la atención exageradamente aquellos alimentos de los que debemos prescindir por ser altamente calóricos o desaconsejados en la dieta.
No es lo mismo, por tanto, el hambre y las ganas de comer, aunque hay gente que las confunde y, a veces, incluso, como dice el dicho, se juntan.
Por otra parte, si hablamos de hambre, hemos de decir que no es malo llegar con sensación de hambre a la hora de las comidas. De hecho, si no tuviéramos esa sensación, podríamos morir por inanición, ya que nuestra cerebro no recibiría la información de que “falta combustible” y, al no mandar la orden de búsqueda de alimento, sería muy posible que no nos preocupáramos de conseguirlo. Por tanto, llegar con “hambre” a las comidas lo podemos considerar como algo positivo e, incluso, deseable.
Lo que ya no podríamos considerar normal sería el quedarnos con sensación de hambre después de las comidas, pues sería un indicador de que la ración ha sido insuficiente y, por consiguiente, sería más que probable que tuviéramos que replantearnos, al menos, ciertos aspectos de la dieta.



lunes, 22 de noviembre de 2010

reflexiones joteras

(tran, tran, tran, tran)

Si canto me llaman loco
Y si no canto, cobarde.
Si bebo vino, borracho;
Si no bebo, miserable.


domingo, 14 de noviembre de 2010

buena o mala ¿suerte?

El otro día oí a una persona a la que le deseaban suerte decir que no la quería, porque la suerte puede ser buena o mala y ante la posibilidad de que fuera mala, prefería no desearla sino confiar en su preparación y trabajo.
Al hilo de esto, aquí os dejo un par de historias relacionadas con la suerte, a ver qué os parecen.
1ª historia.-
Había una vez un niño pobre que lo que más deseaba en este mundo era un caballo, pero no tenía dinero para comprarlo. Justo ese día pasó por su calle una manada de caballos con un potrillo incapaz de acompañar al grupo. El dueño de la manada, que conocía el deseo del niño, le preguntó si quería el potro. Exultante, el niño aceptó. Un vecino, al saber lo ocurrido, dijo al padre del niño que su hijo tenía mucha suerte. El padre le preguntó por qué, y el vecino respondió: "Su hijo quería un caballo, pasa la manada y le regalan un potrillo, ¿no es eso suerte?". "Puede ser una suerte o una desgracia", contestó el padre.
El niño cuidó el caballo con celo pero un día ya crecido, el animal huyó. Esta vez el vecino dijo: "Su hijo no tiene suerte: le regalan un potro, cuida de él y cuando crece, huye". "Puede ser una suerte o una desgracia" repitió el padre.
Pasó el tiempo y un día el caballo regresó con una manada salvaje. El niño, que ya era un muchacho, consiguió cercarlos y adueñarse de todos. Y el vecino dijo: "Su hijo tiene suerte: recibe un potro, lo cría, éste huye y vuelve con una manada de caballos salvajes". "Puede ser una suerte o una desgracia", respondió de nuevo el padre.
Más tarde el joven se rompió una pierna mientras domaba a uno de los caballos. El vecino entonces dijo: "Su hijo no tiene suerte: el potro huye, vuelve con una manada salvaje y al domar a uno de los caballos se rompe una pierna". "Puede ser una suerte o una desgracia", insistió el padre.
Días después, el reino donde vivían declaró la guerra al reino vecino. Todos los jóvenes fueron reclutados, menos el que estaba con la pierna rota. Y el vecino dijo: "su hijo tiene mucha suerte..."
La vida es así: todo lo que sucede puede ser una suerte o una desgracia. Lo que al principio parece una desgracia, en el futuro puede ser una suerte.
2ª historia.-
Ubiquémonos en un aeropuerto en algún lado del mundo. El Señor “A” extraña a su familia y llega al aeropuerto para viajar de inmediato a visitarlos. El Señor “B”, al igual que el Señor “A”, quiere viajar al mismo lugar ya que se le ha presentado la posibilidad de entrar en un negocio millonario, lo que le sitúa también en el bando de la buena suerte, pero debe llegar hoy mismo o la oportunidad se perderá. El Señor “B” llega justo después de que el Señor “A” compró el ultimo pasaje disponible. Por lo tanto, con el vuelo completo y a punto de perder su negocio, el Señor “B” abandona el bando de la buena suerte y pasa al bando de la mala suerte equilibrándose el sistema. Para el Señor “B”, la única posibilidad es la lista de espera, en la que se anotó con la ilusión de poder abordar el avión. Pero en pleno embarque el Señor “A” empieza a sufrir fuertes retortijones a causa de la ansiedad con la que ha comido la hamburguesa con mayonesa en la cafetería del aeropuerto. La suerte del Señor “B” ha vuelto a cambiar ya que pronto se enterará que ha pasado nuevamente del bando de la mala suerte al de la buena suerte porque la descomposición del Señor “A” es tan severa que no logrará despegarse del inodoro con tiempo suficiente para subir al avión, situándose ahora en el bando de la mala suerte. Todo es dicha y alegría para el Señor “B”, pues finalmente viajará y podrá concretar su negocio millonario. Pero en pleno despegue un desperfecto origina un incendio en el motor del avión provocando un accidente fatal. Ahora el Señor “B”, que estaba en el bando de la buena suerte, vuelve al bando de la mala suerte, pues no solo pierde la oportunidad del negocio, sino que pierde además su propia vida en el accidente aéreo. Mientras, el Señor “A”, todavía severamente indispuesto, vuelve a abandonar el bando de la mala suerte por haber perdido el avión para pasar al bando de la buena suerte y seguir con vida, aunque él, aun ignorando lo ocurrido, siga maldiciendo su merienda y su mala suerte.
Este es un burdo ejemplo con trágicas consecuencias. Pero sean los acontecimientos grandes o imperceptibles, es así como sucede todo el tiempo y la mayoría de las veces ni nos enteramos.


domingo, 31 de octubre de 2010

empatía. fábula de la ratonera

Volviendo a nuestra serie de bonitos palabros, esta vez le toca turno a "empatía".
Según el DRAE, la empatía es la identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.
Yendo un poquito más allá (o más acá, según se mire) podríamos decir que la empatía es una habilidad emocional que describe la capacidad de una persona para ponerse en el lugar de otro y compartir sus sentimientos, pero sin perder de vista la propia identidad.
Gracias a ella sentimos cuáles son los sentimientos del otro, su intensidad y las cosas que los originan.
No hay que confundir la empatía con la simpatía, proceso que nos permite sentir los sentimientos del los demás, los entendamos o no.
En realidad, he recordado este bonito palabro cuando he recibido del amigo Enreiki un powerpoint contando la fábula de la ratonera, que os transcribo a continuación para ilustrar su significado:
Un ratón, mirando por el agujero de una pared, vio a un granjero y a su esposa abriendo un paquete.
Sintió emoción pensando qué sería lo que contenía ¿qué tipo de comida podía haber allí?
Cuando lo abrieron, quedó aterrorizado cuando descubrió que era… ¡una ratonera!
Entonces fue corriendo al patio de la granja para advertir a todos: “hay una ratonera en la casa, hay una ratonera en la casa…”!!!
La gallina, que estaba cacareando y escarbando , levantó la cabeza y dijo: “Discúlpeme señor ratón. Yo entiendo que es un gran problema para usted, pero a mi ni me perjudica en nada ni me incomoda”.
El ratón fue hasta donde estaba el cordero y le dijo “¡hay una ratonera en la casa!”
El cordero, que tenía buen corazón, le contestó: “Discúlpeme, señor ratón, pero yo no puedo hacer nada, solo pedir por usted. Vaya tranquilo, que estará presente en mis oraciones”.
El ratón se dirigió entonces a la vaca, y la vaca le dijo: “¿Pero acaso yo estoy en peligro? Yo creo que no. Es más, estoy segura de que no”.
Entonces el ratón volvió a la casa preocupado y abatido sabiendo que se tendría que enfrentar solo a la ratonera del granjero.
Por la noche se oyó un gran barullo en la granja. Algo había caído en la ratonera. La mujer del granjero corrió para ver lo que había atrapado y en la oscuridad no vio que había una víbora atrapada por la cola… y la víbora mordió a la mujer. Y la mujer enfermó.
El granjero, preocupado, quiso preparar un buen caldo para su esposa. Agarró su hacha y fue al gallinero para buscar el ingrediente principal: La gallina.
Como la enfermedad de la mujer empeoraba, los amigos y vecinos fueron a visitarla. Y el granjero, para poder ofrecerles algo de comer, mató el cordero.
Pero la mujer no mejoró y acabó muriendo y el granjero entonces vendió la vaca al matadero para poder cubrir los gastos del funeral…
Así que… (moraleja): la próxima vez que escuches que alguien tiene un problema y creas que como no es tuyo no le debes prestar atención… piénsalo dos veces.

domingo, 17 de octubre de 2010

receta 28

Aquí os dejo una receta para los que dicen que no saben cocinar o que no tienen tiempo.
ESPÁRRAGOS A LA PLANCHA CON VINAGRETA DE BERBERECHOS
Por una parte abrimos una lata grande de espárragos blancos, luego escurrimos los espárragos y los secamos con papel de cocina.
En una sartén con un poquito de aceite, cocinaremos con cuidado de que no se rompan, los espárragos medio fritos, medio a la plancha (en la receta original, los espárragos van empanados y fritos). Luego los sacamos de la sartén y los colocamos en una fuente (o directamente en los platos).
Por otro lado, mezclamos en un bol una lata de pimientos rojos asados que cortaremos en tiras, una lata pequeña de tomate entero y pelado que picaremos en daditos pequeños y una lata de berberechos bien escurridos (bueno, realmente no echamos al bol las latas, claro, sino el contenido de las mismas ;p).
Aliñamos esta mezcla con el aceite que ha sobrado en la sartén, una cucharada de aceite crudo, un poquito de vinagre, sal y ajo molido, revolviéndolo todo bien y la vertemos sobre los espárragos.
Muy complicado no es, pero el resultado es rico,rico
¡Ah! Y calorías, las justas

domingo, 10 de octubre de 2010

intentar amoldarse

Hablando de dietas (otra vez), hay que intentar amoldarse. Pero ¿amoldarse a qué? Pues un poco a todo.
Lo primero y principal, debemos asumir que tenemos que intentar amoldar la dieta a nuestra vida y no nuestra vida a la dieta. No podemos cambiar nuestro trabajo ni nuestras amistades solo por el hecho de estar adelgazando.
Hay cosas más importantes en la vida que una dieta de adelgazamiento.
Por ejemplo, si el médico nos manda un antibiótico para tratar una infección, aunque uno de los efectos secundarios de ese medicamento sea el aumento de peso, hemos de tener claro que en ese momento es prioritario curar la infección. Ya nos preocuparemos de bajar peso cuando hayamos sanado.
Por otra parte, el hecho de estar a dieta no ha de suponer que tengamos que convertirnos en anacoretas y renunciar a nuestra vida social.
Solo por estar a dieta no tenemos que dejar de salir con los amigos o evitar reuniones de negocios. Simplemente debemos abandonar el complejo del “qué dirán” e intentar compaginar lo mejor posible la dieta y las relaciones personales.
Seguro que si fuéramos diabéticos, o padeciéramos una alergia a un determinado alimento, no sucumbiríamos a muchas tentaciones sólo por el “qué dirán”.
De todos modos, unas veces será más fácil controlar la dieta en las reuniones sociales y otras veces, en cambio, encontraremos verdaderas dificultades. Pero si nos lo planteamos en serio o, mejor aún, en positivo, las dificultades que nos encontraremos no serán ni tan frecuentes ni tan ineludibles.
Y, aún a riesgo de ser pesado, vuelvo a repetir: Hemos de amoldar la dieta a nuestro ritmo de vida y no al contrario.

domingo, 26 de septiembre de 2010

época de cambios

Últimamente tengo la cabeza y la vida un poco patas arriba.
En las últimas semanas me he encontrado con que he cerrado la consulta con la carga emocional que eso me ha supuesto. No en vano he pasado en ella buena parte de mis últimos 22 años con todo lo que eso conlleva tanto a nivel personal como profesional.
Hoy mismo he ido a recoger unas cosas y a mirar la correspondencia y he sentido una sensación extraña, como de nudo en el estómago. Incluso ahora que estoy escribiendo me noto un pequeño nudo en la garganta y una leve niebla en los ojos…
También me he subido al carro de un nuevo proyecto/reto profesional que por una parte me ilusiona muchísimo, pero por otra me genera una cierta inquietud. Me imagino que la normal del cambio y de afrontar una nueva etapa y esperar estar a la altura de las circunstancias.
Además he pasado la primera “enfermedad” que me ha dejado un par de semanas fuera de combate y que me ha hecho darme cuenta, aunque ya lo sabía, de que no somos invulnerables. Afortunadamente ya me he recuperado y hoy me he vuelto a calzar las zapatillas de running para trotar unos poquitos kilómetros.
Pero por si esto no fuera poco, y aunque era lo único que tenía previamente anunciado, llevo (perdón, llevamos) una semana con el nido vacío, ya que nuestro hijo (ahora voy a hablar en plural) ha salido a estudiar fuera y nos ha dejado otra vez “de novios”, situación a la que los tres nos tenemos que acostumbrar. Él a su nuevo entorno de cambio de residencia, separación de la familia, universidad y nuevos estudios, nuevas relaciones personales… y nosotros (los padres) a vivir con el agujero que deja en la casa, en el tiempo y en el espacio que llenaba y en el corazón.
También hoy he estado hablando un rato con él y también al escucharlo he vuelto a notar esos sentimientos encontrados (o contrapuestos). Por una parte la alegría de saber que está bien y de que empieza a volar solo (de hecho yo tenía muy claro que para su formación como persona tenía que salir a estudiar fuera de casa) y por otra parte esa sensación de vacío en el estómago por su ausencia. Incluso ahora que estoy escribiendo me noto un pequeño nudo en la garganta y una leve niebla en los ojos…
Aunque creo que la que más cambios va a notar, aunque ni ha salido a estudiar fuera ni ha cambiado de actividad laboral, va a ser mi mujer, que se va a tener que adaptar al vacío en el nido que ha dejado el hijo y a mi nuevo ritmo de trabajo.
Como decía al principio, época de cambios. Intentaremos adaptarnos a ellos y llevarlos lo mejor posible.
Perdonad el rollo, pero me tenía que desahogar. Ya sabéis, como el del chiste:
“Socorrista, socorrista, que ahí hay uno que se está ahogando.
Pues dile que llore.
¿para qué?
Para que se desahogue…”

miércoles, 8 de septiembre de 2010

fin de ciclo


Siempre he dicho que la vida es una sucesión de etapas que vamos cumpliendo y terminando.
Pues bien, hace algo más de 22 años comencé una de esas etapas al abrir mi propia consulta de Nutrición y Medicina Estética y hoy me toca comunicaros que esa aventura ha llegado a su fin.
Ha sido un recorrido largo y fructífero en el que he conocido a mucha gente muy interesante y en muchos casos la relación ha trascendido de la meramente profesional de médico/paciente para convertirse en una auténtica amistad.
Estas dos semanas en las que estoy dedicándome a despedirme de mis pacientes están siendo especialmente emotivas, ya que hay personas a las que conozco desde hace un montón de años y con las que he compartido muchas cosas y nos hemos ido viendo hacernos “mayores”.
Pero si una etapa termina, otra comienza y a partir de ahora me voy a incorporar como Director Médico al nuevo proyecto de Sophie Santé al que espero aportar todo lo que he aprendido con y de mis pacientes a lo largo de estos años.
Es un proyecto que afronto con mucha ilusión y que seguramente impedirá que me “arrane” (recordad la entrada “me salió rana” de 23 de mayo de 2010 en la que contaba la historia de la rana hervida). Va a suponer para mi un reto profesional en el que me seguiré moviendo en el mundillo de la nutrición y la estética pero desde una perspectiva totalmente diferente. Espero estar a la altura de las circunstancias.
Pero no penséis que os vais a librar de mi, pues desde aquí amenazo con continuar manteniendo el contacto a través de este humilde blog al que espero que os sigáis asomando de vez en cuando.

martes, 24 de agosto de 2010

receta 27

Sí, ya sé que últimamente os tengo un tanto abandonados, pero entre las vacaciones, los virus y los líos personales, me ha resultado un tanto complicado asomarme por el blog.
Para compensaros, os voy a dejar una recetita de esas que tanto os gustan por lo fáciles, ligeras y molonas (aunque no sé si probáis a cocinar alguna, porque no he visto ningún comentario alabándolas o criticándolas).
Bueno, pues esta vez os presento una mezcla poco habitual, pero por eso no menos sorprendente.

COCOCHAS DE BACALAO EN TINTA

En una cazuela antiadherente calentamos un poquito de aceite de oliva del bueno y añadimos cebolla picadita y un par de dientes de ajo pelados y enteros y freímos hasta que la cebolla esté transparente. Añadimos un par de cucharadas de tomate frito, un chorretón de vino blanco y la tinta de calamar (una o dos bolsitas diluidas en medio vasito de agua caliente) y dejamos cocinar durante 6-8 minutos.
Por último, añadimos las cocochas (frescas o previamente desaladas y bien secas) a la cazuela y seguimos cocinando a fuego medio durante otros 5 ó 6 minutos meneando la cazuela de vez en cuando para que suelten mejor la gelatina.
Se pueden servir tal cual o acompañadas de un cazito de arroz blanco.

También se puede preparar este plato con cocochas de merluza. Son más finas pero tienen menos sabor.

Atreveos a probarla y buen provecho.



jueves, 5 de agosto de 2010

me engordan los nervios

Cuantas veces habremos oído frases parecidas a “es que a mí, lo que me engordan son los nervios”.

Y sin embargo, no deja de ser curioso que también oigamos con frecuencia decir a otras personas: “lo que pasa es que a mí me adelgazan los nervios”.

Entonces ¿en qué quedamos? ¿los nervios engordan o adelgazan? O, lo que es lo mismo ¿estar nerviosos nos hace engordar o, por el contrario, favorece que adelgacemos?
En realidad, podríamos decir que estar nervioso no provoca, por sí solo, ni una cosa ni la otra.
Lo que ocurre es que hay ciertas personas que cuando se encuentran nerviosas matan su ansiedad comiendo y lo que les engorda no es lo nerviosas que están, sino lo que comen cuando están nerviosas y muchas veces lo hacen de manera automática, sin ser conscientes de ello.
De manera contraria, hay otras personas que cuando están nerviosas, sienten un “nudo en el estómago” que de una manera u otra les impide probar bocado y es por eso que estas personas adelgazan, no porque estén nerviosas sino porque cuando están nerviosas comen menos. Y precisamente por comer menos adelgazan.
En resumidas cuentas, al final adelgazamos o no dependiendo de la cantidad de calorías que entran en nuestro cuerpo y no del estado de ansiedad o nervios que sintamos en ese momento, si bien no deja de ser cierto que el estado anímico en que nos encontremos puede influir, y mucho, en la ingesta de alimentos que realicemos. Además, cuando matamos los nervios comiendo, solemos recurrir al picoteo indiscriminado que suele ser, en la mayoría de las ocasiones, rico en calorías.
Según esto, podríamos decir que la tan oída expresión “me engordan los nervios”, no deja de ser una verdad a medias. Todo depende de cómo lo miremos y cuánto queramos autoengañarnos.



lunes, 12 de julio de 2010

holismo (¡¡¡somos campeones del mundo!!!!)

Ayer la Selección Española de Fútbol hizo historia al proclamarse Campeona del Mundo tras ganar a Holanda en un partido trabajado hasta el último suspiro.
Y ver a este EQUIPO conquistar este hito me viene al pelo para compartir otro bonito palabro del que tenía ganas de comentar algo desde hace algún tiempo. Y ese bonito palabro no es otro que holismo.
Según el DRAE, holismo es la doctrina que propugna la concepción de cada realidad como un todo distinto de la suma de las partes que lo componen.
La Wikipedia dice que holismo es la idea de que todas las propiedades de un sistema dado (biológico, social, económico...) no pueden ser explicados por las partes que lo componen por sí solas.
Como adjetivo, holística significa una concepción basada en la integración total frente a un concepto o situación.
Aristóteles lo resumió diciendo que el todo es más que la suma de sus partes.
Y el triunfo de la Selección no se entendería fuera de este concepto holístico de equipo, en el que cada una de sus partes (jugadores) es de una madre distinta, de un lugar distinto, con unas características físicas o técnicas distintas, pero que no tendría ningún sentido si intentaran jugar por separado, ya que para destacar (y triunfar) una pieza del engranaje necesita de la otra para convertir a un puñado de excelentes futbolistas en un equipo grandioso.
Si salimos del fútbol y de la euforia del momento, el concepto de holismo se puede extrapolar a muchas otras cosas.
Ya sabéis que soy médico y como tal me da mucha rabia que en Medicina se está perdiendo la visión holística del ser humano (que a la postre es el paciente, claro) ya que aunque la especialización y en muchos casos la superespecialización (por ejemplo, un traumatólogo especializado en cirugía de la mano) son positivas y necesarias para el avance de la técnica, acaban descomponiendo a una persona en cada una de sus partes sin tener en cuenta el resto.
Desde aquí reivindico, con el espíritu más positivo posible, el holismo en las sociedades, en los equipos, en las familias, en las profesiones (sobre todo en Medicina) y como no, en las personas.



domingo, 27 de junio de 2010

el hijo del dietistaaaa

Hoy no escribo.
Os dejo la grabación (la buena) de la canción que mi hijo me ha dedicado. La tenía escrita hace tiempo pero ha estado esperando a terminar (y aprobar) la selectividad para grabarla en condiciones. Y yo esperaba que la tuviera grabada para colgarla en el blog.
Aunque algunos ya la habéis escuchado, estad atentos a la letra (imagino que más de uno de mis pacientes se sentirá más identificado con el hijo que con el padre ¡qué le vamos a hacer!) y entenderéis lo que significa tener al enemigo en casa… Menos mal que al final lo intenta arreglar.
En fin, que esta semana y en clave de humor, os presento a Pato.
Ha nacido una estrella (y no es pasión de padre, jejeje)

domingo, 20 de junio de 2010

receta 26

La borraja es una verdura que es muy apreciada en La Rioja y Navarra.
Es un tanto incómoda de limpiar pero afortunadamente la tenemos en el mercado ya limpia, cocida al natural y embotada en frascos de cristal, lo que facilita poderla incorporar a nuestros menús. Ade más tiene muy poquitas calorías, lo que la hace idónea para dietas de adelgazamiento.
La forma más habitual de cocinarla es cocida con patata y zanahoria y luego rehogarla con un poco de aceite de oliva o apañarla con aceite crudo.
Aquí os dejo una forma distinta, sorprendente y deliciosa de preparar esta verdura:
BORRAJA CON ALMEJAS
Abrimos un bote de borraja, lo escurrimos y “le damos un agua” debajo del grifo para quitar el exceso de sal de la conserva (yo lo que hago es escurrir el bote, llenarlo otra vez de agua y volverlo a escurrir y repetir la operación 2 ó 3 veces. Luego, cuando la cocino, miro a ver si hay que ajustar de sal por si me he pasado lavándola).
En una sartén con un poquito de aceite pochamos un trozo de cebolla y un diente de ajo picaditos. Añadimos media cucharadita de pimentón y un chorro de vino blanco y cuando comience a hervir, las almejas (cuarto y mitad, más o menos) y esperamos a que se abran.
Entonces incorporamos la borraja escurrida, salteamos uno o dos minutos y salpimentamos si nos apetece.
Y ¡hala! ¡a comer!
Que aproveche

sábado, 12 de junio de 2010

hay quien come lo que quiere...

Hay algunas personas que protestan porque, según ellas, hay quien come lo que quiere y no engorda.
Cierto es que hay por ahí alguna “rara avis” que realmente come mucho y sin embargo se mantiene delgado. Estas son personas que tienen un metabolismo basal muy alto y que consumen mucha energía de una manera o de otra. Otras veces lo que ocurre es que hacen un gran consumo de calorías de una sola sentada y el resto del día lo pasan casi sin comer y la siguiente anécdota expresa muy bien lo que sucede en muchas ocasiones.
Una tarde de verano, al salir de la consulta, fui a buscar a mi hijo a la piscina, a donde había ido con su abuela. Allí se juntaba todas las tardes un corrillo de mujeres que habían hecho amistad. Cuando llegué, como no es extraño que ocurra, salió la conversación de las dietas y el control de peso. Recuerdo que había dos mujeres jóvenes, de aproximadamente la misma edad, y ambas profesoras del mismo colegio. Una de ellas estaba delgada y la otra más bien rellenita. Esta segunda se quejaba de que siempre tenía que tener mucho cuidado con lo que comía porque tenía una gran tendencia a coger peso. Sin embargo, la más delgada decía que afortunadamente ella no tenía ese problema, pues comía lo que le apetecía y no engordaba. Al cabo de un rato, se pusieron a merendar y les hice notar una curiosidad: La que siempre andaba cuidándose, sacó de la bolsa un bocadillo (pequeño, eso sí, pero bocadillo al fin y al cabo) mientras que la que comía lo que le apetecía, sacó una manzana (grande, pero manzana).
Seguramente si a la que comió el bocadillo le hubieran mandado comerse una manzana, le estarían haciendo una faena, mientras que la otra disfrutaría comiéndola.
Por eso, una de las cosas importantes que nos tenemos que plantear al hacer una dieta de adelgazamiento es que en lugar de penar por lo que nos gusta y no podemos (o mejor, no debemos) comer, hemos de disfrutar todo lo que podamos de los alimentos que nos gustan y sí podemos comer. Y, si nos damos cuenta, volvemos a comprobar que el hacer bien un tratamiento de adelgazamiento es más una cuestión de actitud que de fuerza de voluntad. Y nosotros podemos elegir y poner en práctica una actitud positiva o de rechazo. Cuesta lo mismo y es mucho más provechoso y agradable la primera.

sábado, 5 de junio de 2010

receta 25

Bueno, como lo prometido es deuda, aquí os dejo la receta que tenía intención de subir la semana pasada y que pospuse para hablar de la bonhomía.
AJOS TIERNOS CON BERBERECHOS
En una sartén con un poquito de aceite, echamos un trozo de puerro en rodajas finas y un trozo de cebolleta picadita. Rehogamos un poco y añadimos un buen manojo de ajetes cortados en rodajitas. Salpimentamos y dejamos que se vayan haciendo. Cuando están bien pochaditos, añadimos los berberechos de una lata bien escurridos y acabamos de rehogar todo junto.
Si queréis, podéis añadir parte del agua de los berberechos cuando se están haciendo los ajetes para potenciar el sabor “a mar” y luego ajustar de sal. También podéis prescindir del puerro y de la cebolla y hacer el plato todavía más sencillo y no por eso peor. Ya sabéis, cuestión de gustos y de imaginación.
Un plato rico y sorprendente, tanto si lo comemos tal cual como si le cascamos un huevo y hacemos un revuelto.
Probadlo y me contáis.

sábado, 29 de mayo de 2010

bonhomía

Esta semana tenía pensado colgar una receta que preparé el otro día para cenar, pero cuando después de comer he echado un ojo a la prensa del fin de semana, he encontrado un bonito palabro que hacía mucho tiempo que no había oído y entonces he decidido hablar (o escribir) sobre él y dejar la receta para otro día.
El bonito palabro en cuestión es “bonhomía” y su significado, más que bonito, es hermoso.
Bonhomía es un término que procede del francés bonhomie y que según el DRAE significa: Afabilidad, sencillez, bondad y honradez en el carácter y en el comportamiento.
En los tiempos que corren, cada vez es más raro que una persona sea reconocida por los demás como alguien con esas características de “buen hombre” o “buena persona” (utilizando las palabras hombre y persona como genéricos, no como masculino o femenino) e intentar ser nosotros mismos un paradigma de bonhomía no deja de ser un reto asaz complicado.
Y en gran parte es complicado por las apreciaciones de su propia definición: “…en el carácter y en el comportamiento” lo que convierte las características de la bonhomía en todo un estilo de vida.
Lo que no deja de ser curioso es, precisamente, que nos resulte tan complicado ponerlo en práctica porque seguramente más de uno podríamos decir aquello de que “eso es lo que me enseñaron en casa y en la escuela cuando era pequeño”.
Por eso, qué bonito sería que intentáramos rescatar al niño que fuimos y que aprendió a ser “buena gente” y volver a ser no buenos a secas, ni ingenuos, sino personas plenas de bondad en el corazón y sencillez en las maneras.
A lo mejor no es tan difícil. La base ya la tenemos ¿la buscamos y la sacamos a relucir?


domingo, 23 de mayo de 2010

me salió rana

En cierta ocasión asistí a una conferencia en la que la ponente contó la historia de “la rana hervida”.
Dicen que si echamos una rana a un recipiente con agua muy caliente, ésta hará lo posible por salir de él y saltará hasta conseguirlo porque se siente amenazada. En cambio, si introducimos la misma rana en un recipiente con agua a temperatura ambiente, la rana se quedará nadando tranquilamente en él o descansando en el fondo. Si entonces vamos calentando el agua muy despacito, la rana se irá adaptando poco a poco a la temperatura y no hará ningún intento por salir hasta morir literalmente hervida.
Esta parábola es extrapolable al ser humano, ya que las personas podemos llegar a actuar de la misma manera que la rana y no percibimos los pequeños cambios de temperatura que van sucediendo en diferentes ámbitos de nuestra vida (laboral, sentimental…) y acabamos encontrándonos en una zona “cómoda” de la que nos cuesta salir.
Sea cual sea la situación en la que nos encontramos (aunque sea una situación horrible), la conocemos perfectamente y la tenemos controlada (ya se sabe, “más vale malo conocido…”).
Lo que es curioso es que si alguien nos preguntara si esa situación es así desde el primer día, la respuesta más segura sería que no, que se ha ido degradando poco a poco hasta llegar a ser como es y que si hubiera sido así el primer día, probablemente no hubiera habido un segundo (habríamos saltado como la rana de la historia al caer al agua hirviendo)
El simple hecho de pensar en salir de nuestra zona cómoda nos desestabiliza y nos bloquea (incluso podemos tener síntomas físicos como taquicardias, temblores, sequedad de boca…) y nos intentamos autoconvencer de no arriesgarnos al cambio. Inmediatamente después de decidir continuar en nuestra zona cómoda nos tranquilizamos porque no tenemos que hacer nada y porque dentro de ella lo conocemos todo y ahí no tenemos ningún riesgo que correr.
Solemos utilizar argumentos del tipo: si hacemos (o dejamos de hacer) tal cosa, es posible que todo nos vaya mucho peor.
Si, pero ¿y si al salir de nuestra zona cómoda lo que nos podamos encontrar fuera mucho mejor que lo que tenemos ahora? Pues estaríamos dejando escapar cosas positivas…
Evidentemente, nunca sabremos si el cambiar nos deparará mejoras sustanciales o terminará convirtiéndose en un error, pero si nunca lo intentamos, nunca sabremos lo que hay afuera esperándonos.
¿estamos “arranados”? es decir ¿estamos muy cómodos y muy a gusto donde estamos, con lo que tenemos… con nuestros resultados?
Si la respuesta es no ¿estamos dispuestos a salir de nuestra zona de confort?
Si la respuesta es sí, analicemos lo que no nos gusta de nuestra zona cómoda y preguntémonos si lo toleraríamos si fuera un primer día. No sería lógico esperar a que el agua hierva para escapar del recipiente o para morir en él.

domingo, 16 de mayo de 2010

congruencia

Congruencia es un bonito palabro que viene del latín (congruentia) y que según el DRAE, en su primera acepción, significa conveniencia, coherencia, reacción lógica.
Conozco pocos conceptos tan difíciles de llevar a cabo en la vida cotidiana, sobre todo en lo relativo a las relaciones personales y a la educación. Es difícil predicar con el ejemplo y mantener la coherencia para responder ante el mismo hecho sin dejarnos influir por nuestro estado de ánimo o por influencias externas.
A lo mejor esto es así porque la congruencia va muy de la mano con la honestidad, ya que una persona congruente sería aquella que vive según sus valores.
Somos congruentes cuando nos sentimos bien con nosotros mismos, pero tenemos que darnos cuenta y cuando no estamos en equilibrio, detenernos y analizar nuestra situación. Después, ponernos en acción e intentar ser congruentes con nuestros principios, nuestros pensamientos y nuestras acciones.
Cuando contradecimos lo que pensamos y lo que hacemos, tenemos muchos boletos para sentirnos frustrados ya que la congruencia no tiene que ser una actitud hacia fuera, de cara a la galería, sino más bien un compromiso con uno mismo y no se trata de intentar ser congruente de vez en cuando sino intentar convertirla en un estilo de vida.
El antónimo de congruencia es incongruencia.
Las personas incongruentes son las que hacen cosas “que no cuadran” con lo que predican. Piensan, por ejemplo, que la salud es lo más importante que tienen pero fuman como cosacos, no hacen ejercicio y descuidan su alimentación (¿qué pensarían de mi mis pacientes si vienen a que les ayude a perder peso y yo pesara 120 kilos?). O dicen que les deben la vida a sus padres pero los desatienden por completo.
Hasta para ser padres (o madres, no se nos enfade alguien) hay que ser congruente, sobre todo en la etapa en que queremos enseñar buenos modales, valores, buen comportamiento y otras muchas cosas. No podemos pensar por una parte que lo importante en la educación de los hijos no son solo las buenas palabras sino el ejemplo que les podemos dar y luego, por otra, discutir airadamente entre los padres y con los hijos. Un hijo siempre va a agradecer a sus padres la congruencia. De esta manera no los confundiremos y se acostumbrarán a llevar una vida congruente con naturalidad.
Hagámonos el favor de cambiar e intentemos, aunque sea difícil, combinar nuestro pensamiento con nuestro actuar y demostrémoslo en cada paso, cada palabra y cada acto ante los demás y ante nosotros mismos. Así comenzaremos a andar el camino que nos llevará a conseguir lo que queramos.

sábado, 8 de mayo de 2010

no como y engordo

En cierta ocasión, una paciente (muy sobrada de kilos, por cierto), hacía en la consulta la siguiente reflexión: “Mira, Jose Antonio, yo estoy gorda porque como. Y cuando una persona gorda como yo me dice que no come y engorda, le contesto: Vete a Somalia, a Biafra, a Etiopía... Allí, que de verdad no comen, busca. A ver cuantos gordos encuentras”.
Desde entonces, recuerdo la anécdota en multitud de ocasiones, ya que en multitud de ocasiones he oído la frase “no como y engordo”.
Cierto es que comiendo lo mismo unas personas engordan y otras no, o unas engordan más y otras menos, pero igual de cierto es que sin comer no se puede engordar. Esta diferencia depende del gasto energético de cada persona. Hay quien gasta más y quien gasta menos energía para mantener sus funciones corporales habituales, lo mismo que si cogemos dos coches de la misma marca y el mismo modelo, fabricados en la misma cadena de montaje y el mismo día y los ponemos en carretera a la misma velocidad, uno gastará más gasolina, o quemará más aceite, o desgastará más las ruedas que el otro.
Seguro que si vamos cuatro personas a comer a un restaurante, nos pesamos en una bascula de precisión justo antes de comenzar a comer, comemos y bebemos exactamente la misma cantidad y el mismo tipo de comida y bebida (pesado al miligramo) y nos volvemos a pesar en la misma báscula cuando nos levantamos de la mesa, la diferencia de peso respecto al inicial será distinta en cada una de las cuatro personas. Y esto es, como hemos dicho antes, porque el gasto de energía en digerir los alimentos, en la respiración, en los latidos del corazón, etc., es distinto en una persona que en otra.
Conclusión lógica: Si para mantener el peso necesitamos pocas calorías porque nuestro organismo es “ahorrador”, lo que tendremos que hacer es aumentar el gasto energético, es decir, hacer más ejercicio.

sábado, 1 de mayo de 2010

receta 24

Desde que era niño, el pollo ha sido uno de mis platos favoritos, independientemente de la forma en que estuviera preparado. Si bien es cierto que con los años me he ido "refinando" y ahora elegiría otros platos, también lo es que me sigue gustando mucho.

Aquí os dejo una receta de

POLLO A LA NARANJA

que me dio una paciente en la consulta y que está realmente rica.
Necesitamos un muslo de pollo (con su contramuslo) por persona humana que vaya a comer, naranjas, ajo, cebolla, perejil y tomillo, sal, pimienta y aceite de oliva.
Limpiamos bien el pollo quitándole la piel y los trocitos de grasa “visibles” y lo colocamos en una fuente honda (por cierto, una pregunta tonta. ¿si la piscina es honda el mar es toyota?), lo cubrimos con zumo de naranja y lo dejamos macerar un par de horas (si lo hacemos la víspera, puede estar 10-12 horas macerando en el frigorífico).
Una vez pasado el tiempo de maceración, sacamos el pollo del recipiente, lo salpimentamos y lo doramos en una cazuela con una cucharada de aceite por cabeza.
Cuando el pollo esté doradito, lo sacamos de la cazuela y lo reservamos. Entonces echamos en la cazuela la cebolla troceada, el ajo laminado, perejil picado y una ramita de tomillo y lo sofreimos todo.
Luego añadimos el pollo y el zumo de naranja de la maceración, tapamos la cazuela y dejamos cocer a fuego suave hasta que esté hecho (unos 20-25 minutos).

Si queréis quedar como unos señores (o señoras, según el ministerio de igual-dá) lo podéis servir en una fuente decorada con una naranja en gajos y/o en rodajas.

Esta es una versión apta para dietas de adelgazamiento, pero como siempre os digo, las recetas no tienen que ser "rígidas" y las podemos ir modificando a nuestro gusto (dejamos la piel, quitamos el tomillo, añadimos vino blanco o cointreau, rallamos una peladura de naranja, etc, etc...)

Y a comer (y a chuparse los dedos)

lunes, 26 de abril de 2010

cortito

Como no tengo ni mucho tiempo ni muchas ganas de escribir hoy y aprovechando que este fin de semana he estado en un cursillo/taller (training lo llaman ahora), se me ha ocurrido dejaros una frase que me dijeron hace tiempo y que, aunque es breve, encierra una buena lección:
"Me lo contaron y lo olvidé. Lo vi y lo entendí. Lo hice y lo aprendí"

domingo, 18 de abril de 2010

procrastinar

He aquí otro bonito palabro de mi nueva colección: Procrastinar.
Según el diccionario de la Real Academia, es una palabra que procede del término del latín procrastinare y que significa: diferir, aplazar.
Algunos sinónimos son: posponer, retrasar, postergar, dilatar y demorar. Y es antónimo de adelantar o preceder.
Hablando de procrastinar, tengo que reconocer un par de cosillas:
La “prime” es que al buscar su definición en el DRAE, me acabo de dar cuenta que decía mal la palabra, ya que yo creía que era procastinar y me estaba comiendo la r de la sílaba cras (en mi descargo diré que la había visto escrita de esa manera).
La “segun” es que por tendencia natural soy un procrastinador nato y que me cuesta mucho vencer esa tendencia y aunque intento ir reduciendo sus efectos, sigo tropezando en la misma piedra más a menudo de lo que quisiera (a lo mejor es porque siendo estudiante, mi amigo Sus me regaló un poster de Snoopy con la frase “he decidido ser más sensato desde mañana” y me dijo que tenía que leerla todos los días).
Al procrastinar cargamos el día siguiente de tarea extra (siempre y cuando no volvamos a procrastinar, claro) y además autogeneramos dosis extras de ansiedad y estrés por el malestar psicológico que nos crea esa lucha interna entre los argumentos a favor y en contra de dejar las cosas para más adelante.
El problema suele ser que cuando empezamos a procrastinar nos solemos encontrar demorando una y otra vez esa tarea que nos habíamos propuesto llevar a cabo hace… semanas!!!
En el acervo (bonito palabro también) encontramos un refrán que dice: “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.
Y hay que dejar muy claro que procrastinar no es retrasar una tarea porque ha surgido algo más importante y por tanto su nivel de prioridad ha cambiado.
Muy al contrario, el objeto de la procrastinación suelen ser aquellas tareas que si nos ponemos a ellas, las podemos terminar en un tiempo más o menos breve y aquellas que aunque hay que hacerlas, no nos apetece hacerlas ni hartitos de vino.
Para estas tareas siempre vamos a encontrar excusas del tipo “ahora no me apetece”, “ahora no estoy mentalizado”, “exige demasiado trabajo para lo que es”, “ahora no es el mejor momento”, “siempre hay otra cosa más atractiva o más fácil que hacer” o como dice el humorista José Mota en su programa de televisión “esto lo voy a hacer fijo, pero hoy no… MAÑANA”.
Pero afortunadamente el cerebro humano es más maleable de lo que nos creemos y aunque nos cueste trabajo, con un poco de buena voluntad y propósito de la enmienda, podemos ir cambiando poco a poco nuestros malos hábitos por otros un poco mejores y en el caso de la procrastinación, también.
Busquemos el lado positivo de las cosas. Cualquier tarea, por mala que sea, puede tener un lado positivo, constructivo o didáctico (siempre se puede aprender algo). Utiliza esa parte positiva para ponerte en marcha.
No huyas. En muchas ocasiones la procrastinación viene del miedo ya que nos enfrentamos a una tarea que hay que hacer pero que lleva consigo una situación tensa o que nos genera temor… y ansiedad. Aunque nos cueste, solo por lo tranquilos que nos vamos a quedar por quitárnosla de encima, ya merece la pena no postergarla.
Sé solidario. Piensa que en ocasiones, el dejar algo para más tarde influye directamente en la vida o en el trabajo de otras personas. Si es así, utiliza este argumento para no retrasar la tarea y que los demás no echen pestes de ti.
No te autoengañes. Aunque no lo pone en el diccionario, en muchas ocasiones procrastinar es sinónimo de autoengaño, aunque solo sea por los argumentos que utilizamos mentalmente para dejar las cosas para mañana.
Hazlo ahora. No hay otro momento.
Y valora lo que ganarás cuando lo termines, aunque solo sea quitártelo de en medio o comprobar que esa tarea no es más fuerte que tú.