lunes, 29 de marzo de 2010

al casi le falta el todo

Recuerdo a una paciente que en el transcurso de una consulta, al preguntarle qué tal había hecho la dieta esa semana me contestó: “Lo he hecho bien, pero me he pasado”.
No penséis que es una frase nueva. La he oído, con o sin variantes, cientos de veces a lo largo de mi vida profesional.
Lo que quería decir esta persona en ese momento es que había comido todo lo que yo le había mandado comer esa semana (de ahí lo de “lo he hecho bien”) pero que además había comido otras cosas que no debía (lo que para ella argumenta el “me he pasado”).
Si lo miramos fría y racionalmente, no nos cuesta mucho darnos cuenta de la gran incongruencia que encierra la frase, puesto que hacerlo bien implica no pasarse y, por consiguiente, el hecho de pasarse elimina la posibilidad de haberlo hecho bien.
Recuerdo que mi abuelo me decía cuando era niño: “
Chiguito, al casi le falta el todo”. Y tenía más razón que un santo. Cuando alguien nos cuenta que “casi” le pilla un coche, es que el coche ni le ha tocado. Y si alguien nos dice que “casi” le toca la lotería, es que no le ha tocado ni un euro. En consecuencia, si alguien nos afirma que “casi” ha hecho la dieta (expresión muy frecuente en la consulta de un dietista), es que no la ha hecho.
Y esto nos demuestra que las formas que tenemos de engañarnos a nosotros mismos cuando nos ponemos a dieta son múltiples .




sábado, 20 de marzo de 2010

resiliencia (y coaching)

Aquí os presento otro de los “bonitos palabros” de mi colección: Resiliencia.
Es una palabra que deriva del latín, del término resilio, que significa volver atrás, resaltar, rebotar.
En el campo de la física alude a la capacidad de los materiales de volver a su forma original después de haber sido forzados a cambiar o deformarse. En el de la psicología, el concepto de resiliencia (o afrontamiento), señala la capacidad para enfrentar situaciones críticas, sobreponerse y salir airoso y fortalecido, en vez de frustrado o debilitado.
Por tanto, resiliencia es la capacidad para resistir y no venirse abajo, para salir de los baches airosamente, incluso con más bríos.
Todos disponemos de una potente (y a veces insospechada) capacidad de superación de las adversidades y depende de cada uno descubrirla, adquirirla y usarla en los malos momentos ya que más que lo que nos sucede (y no podemos evitar todas las situaciones adversas), lo importante es como nos tomamos lo que nos sucede (actitud, amigos, actitud).
Y nunca es tarde para cambiar las propias actitudes, entrenándose en técnicas de modificación del pensamiento, recuperando la capacidad de reflexionar sobre uno mismo, aprendiendo a interpretar los acontecimientos de otra manera, aprendiendo a ser positivos y asertivos… es decir, que la resiliencia, igual que la personalidad, se puede educar y es posible cambiar actitudes en uno mismo (y también en los demás, si no ¿qué hacemos cuando educamos a nuestros hijos?).
Quizás, el mayor obstáculo al que nos enfrentamos cuando buscamos esa mejora es la convicción de que no podemos cambiar, amparándonos en afirmaciones como “yo soy así”, “cada uno es como es”, “a mis años ya no puedo cambiar”… pero esto es un gran error puesto que (en mayor o menor medida) uno puede cambiar (independientemente de la edad) si de verdad se lo propone.
Y al hilo de lo que os estoy contando, podemos hablar también del coaching, una disciplina que procede de los Estados Unidos y que es un proceso de aprendizaje dinámico e interactivo en el cual un entrenador (coach) ayuda a una persona (coachee) para obtener lo mejor de sí mismo utilizando sus propios recursos y habilidades de la forma más eficaz. Su objetivo es que podamos profundizar en nuestro propio conocimiento y progresemos de forma rápida y eficaz para alcanzar la autonomía en la resolución de problemas (tanto los importantes como los cotidianos) aumentando nuestro rendimiento y mejorando nuestra calidad de vida.
Existen procesos de coaching personal, empresarial, deportivo, para el éxito, ontológico, ejecutivo, transformacional… y tanto es así que muchas veces tengo la sensación de que lo que hago en la consulta, más allá de educación en la alimentación, es un verdadero proceso de coaching con mis pacientes.

domingo, 14 de marzo de 2010

receta 23. va de dulce

Hace unos días. el amigo Manu me dijo en la consulta que su mujer le había dicho que por qué no me decía que a ver si ponía en el blog una receta de algún postre que no fuera a base de fruta. Pues bien, he recogido el guante del reto y aquí os paso una receta de repostería que anda entre 80 y 110 calorías por ración (aproximadamente es el valor energético equivalente a un par de yogures desnatados), por lo que se puede incluir sin problemas dentro del contexto de una dieta hipocalórica.
Eso sí, para prepararla hay que remangarse y meterse en harina, ya que aunque es muy sencilla, hay que cocinar un poquito. Vamos a ello:

TARTA DE REQUESÓN

Ingredientes para 6-8 raciones: 2 cucharadas soperas de harina de trigo. 3 cucharaditas de harina de maíz. 100 ml de leche desnatada. 2 huevos. 300 gr de requesón. 1 yogur natural desnatado (125 gr). 80 gr de mermelada baja en calorías del sabor que más os guste. 10 gr de margarina. 1 cucharadita de levadura. Sal. Edulcorante líquido.

En un recipiente se mezclan las 2 cucharadas de harina de trigo con 2 cucharaditas de harina de maíz, la levadura, la leche desnatada, dos cucharaditas de edulcorante y la yema de un huevo mezclándolo todo bien. Se reserva.
Se bate aparte la clara a punto de nieve y se incorpora a la crema que ya habíamos preparado y se echa todo en un molde de repostería.
Se precalienta el horno a 180 grados y luego s mete el molde que debe permanecer allí un cuarto de hora. Se saca y se deja enfriar, pero no se apaga el horno.
En un bol se mezclan el requesón, el yogur, un huevo y 3 cucharaditas de edulcorante. Se remueve bien y se echa por encima de la tarta y se introduce de nuevo en el horno 10 minutos más.
Por otro lado, se mezcla la mermelada con 2 tacitas de agua y una cucharadita rasa de harina de maíz. Se coloca a fuego lento y se lleva a ebullición sin dejar de remover. Se retira y cuando esté templado se vierte por encima de la tarta.
Este plato se sirve frío.
Y a ver quien me dice ahora que no se puede dar uno un capricho de vez en cuando sin dejar de cuidar su alimentación.






domingo, 7 de marzo de 2010

ataraxia

No sé qué pasa últimamente, si es la luna llena que ha habido en el cielo estos días de atrás, la crisis y su pastelera madre o la variación del eje de la Tierra que dicen los científicos que ha sucedido tras los últimos grandes terremotos, pero el caso es que no sé si es real o percibido, me da la sensación de que la gente que veo a mi alrededor está un tanto crispada (probablemente ellos puedan decir lo mismo de mi. Quien esté libre de culpa, que tire la primera piedra).
Esta situación me viene de perlas para hablaros de otro “bonito palabro” de mi colección que ya apuntaba en la entrada pasada cuando contaba mis vicisitudes en la estación de Delicias (encima cachondeo con el nombrecito) de Zaragoza a causa de la ciclogénesis explosiva.
Este “bonito palabro” es ataraxia.
Ataraxia es sinónimo de imperturbabilidad, sosiego, paz interior y tranquilidad espiritual.
En el Diccionario de la Real Academia Española, podemos encontrar las siguientes definiciones:
Imperturbabilidad: cualidad de imperturbable.
Imperturbable: que no se perturba
Perturbar: Inmutar, trastornar el orden y concierto, o la quietud y el sosiego de algo o de alguien.
Turbar: interrumpir, violenta o molestamente, la quietud.
Pues bien, para los estoicos, epicúreos y escépticos, Ataraxia es una disposición de ánimo gracias a la cual alcanzamos el equilibrio emocional (la felicidad) mediante la disminución de la intensidad de nuestras pasiones y deseos y la fortaleza del alma frente a la adversidad.
Pero no deja de ser curioso que en diferentes culturas y religiones se hable de este concepto de imperturbabilidad.
Santa Teresa de Jesús nos legó un poema precioso que comienza diciendo “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza…”
Hay un libro que recoge enseñanzas del Islam (escrito por Aaidh Ibn Abdullah al-Qarni) que precisamente se titula “Nada te turbe”.
Y he encontrado unas citas de un texto metafísico hinduista del siglo II a.C. (Bhagavad Gita) que dicen: “Quien no se turba en medio de las tristezas, quien en medio del placer no siente deseo, quien ha abandonado todo impulso, temor o cólera, éste tiene entendimiento estable”. “Quien no se inmuta por nada, aunque le acaezca un mal o un bien, quien ni odia ni se entristece, éste está sólidamente en posesión de la sabiduría”.
Sin tener nada que ver con toda esta gente, mi amigo Angel lo resume diciendo “Me estoy volviendo cada vez más simple. Cada vez pienso menos”.
Y yo mismo, siguiendo el ejemplo de estos grandes pensadores (incluido mi amigo) y haciendo caso a lo que me pide el cuerpo (escuchando mi voz interior, dirían algunos) he decidido intentar convertirme (usando los dos “palabros” explicados hasta ahora) en el paradigma de la ataraxia ¿qué os parece?