martes, 24 de agosto de 2010

receta 27

Sí, ya sé que últimamente os tengo un tanto abandonados, pero entre las vacaciones, los virus y los líos personales, me ha resultado un tanto complicado asomarme por el blog.
Para compensaros, os voy a dejar una recetita de esas que tanto os gustan por lo fáciles, ligeras y molonas (aunque no sé si probáis a cocinar alguna, porque no he visto ningún comentario alabándolas o criticándolas).
Bueno, pues esta vez os presento una mezcla poco habitual, pero por eso no menos sorprendente.

COCOCHAS DE BACALAO EN TINTA

En una cazuela antiadherente calentamos un poquito de aceite de oliva del bueno y añadimos cebolla picadita y un par de dientes de ajo pelados y enteros y freímos hasta que la cebolla esté transparente. Añadimos un par de cucharadas de tomate frito, un chorretón de vino blanco y la tinta de calamar (una o dos bolsitas diluidas en medio vasito de agua caliente) y dejamos cocinar durante 6-8 minutos.
Por último, añadimos las cocochas (frescas o previamente desaladas y bien secas) a la cazuela y seguimos cocinando a fuego medio durante otros 5 ó 6 minutos meneando la cazuela de vez en cuando para que suelten mejor la gelatina.
Se pueden servir tal cual o acompañadas de un cazito de arroz blanco.

También se puede preparar este plato con cocochas de merluza. Son más finas pero tienen menos sabor.

Atreveos a probarla y buen provecho.



jueves, 5 de agosto de 2010

me engordan los nervios

Cuantas veces habremos oído frases parecidas a “es que a mí, lo que me engordan son los nervios”.

Y sin embargo, no deja de ser curioso que también oigamos con frecuencia decir a otras personas: “lo que pasa es que a mí me adelgazan los nervios”.

Entonces ¿en qué quedamos? ¿los nervios engordan o adelgazan? O, lo que es lo mismo ¿estar nerviosos nos hace engordar o, por el contrario, favorece que adelgacemos?
En realidad, podríamos decir que estar nervioso no provoca, por sí solo, ni una cosa ni la otra.
Lo que ocurre es que hay ciertas personas que cuando se encuentran nerviosas matan su ansiedad comiendo y lo que les engorda no es lo nerviosas que están, sino lo que comen cuando están nerviosas y muchas veces lo hacen de manera automática, sin ser conscientes de ello.
De manera contraria, hay otras personas que cuando están nerviosas, sienten un “nudo en el estómago” que de una manera u otra les impide probar bocado y es por eso que estas personas adelgazan, no porque estén nerviosas sino porque cuando están nerviosas comen menos. Y precisamente por comer menos adelgazan.
En resumidas cuentas, al final adelgazamos o no dependiendo de la cantidad de calorías que entran en nuestro cuerpo y no del estado de ansiedad o nervios que sintamos en ese momento, si bien no deja de ser cierto que el estado anímico en que nos encontremos puede influir, y mucho, en la ingesta de alimentos que realicemos. Además, cuando matamos los nervios comiendo, solemos recurrir al picoteo indiscriminado que suele ser, en la mayoría de las ocasiones, rico en calorías.
Según esto, podríamos decir que la tan oída expresión “me engordan los nervios”, no deja de ser una verdad a medias. Todo depende de cómo lo miremos y cuánto queramos autoengañarnos.