domingo, 31 de octubre de 2010

empatía. fábula de la ratonera

Volviendo a nuestra serie de bonitos palabros, esta vez le toca turno a "empatía".
Según el DRAE, la empatía es la identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.
Yendo un poquito más allá (o más acá, según se mire) podríamos decir que la empatía es una habilidad emocional que describe la capacidad de una persona para ponerse en el lugar de otro y compartir sus sentimientos, pero sin perder de vista la propia identidad.
Gracias a ella sentimos cuáles son los sentimientos del otro, su intensidad y las cosas que los originan.
No hay que confundir la empatía con la simpatía, proceso que nos permite sentir los sentimientos del los demás, los entendamos o no.
En realidad, he recordado este bonito palabro cuando he recibido del amigo Enreiki un powerpoint contando la fábula de la ratonera, que os transcribo a continuación para ilustrar su significado:
Un ratón, mirando por el agujero de una pared, vio a un granjero y a su esposa abriendo un paquete.
Sintió emoción pensando qué sería lo que contenía ¿qué tipo de comida podía haber allí?
Cuando lo abrieron, quedó aterrorizado cuando descubrió que era… ¡una ratonera!
Entonces fue corriendo al patio de la granja para advertir a todos: “hay una ratonera en la casa, hay una ratonera en la casa…”!!!
La gallina, que estaba cacareando y escarbando , levantó la cabeza y dijo: “Discúlpeme señor ratón. Yo entiendo que es un gran problema para usted, pero a mi ni me perjudica en nada ni me incomoda”.
El ratón fue hasta donde estaba el cordero y le dijo “¡hay una ratonera en la casa!”
El cordero, que tenía buen corazón, le contestó: “Discúlpeme, señor ratón, pero yo no puedo hacer nada, solo pedir por usted. Vaya tranquilo, que estará presente en mis oraciones”.
El ratón se dirigió entonces a la vaca, y la vaca le dijo: “¿Pero acaso yo estoy en peligro? Yo creo que no. Es más, estoy segura de que no”.
Entonces el ratón volvió a la casa preocupado y abatido sabiendo que se tendría que enfrentar solo a la ratonera del granjero.
Por la noche se oyó un gran barullo en la granja. Algo había caído en la ratonera. La mujer del granjero corrió para ver lo que había atrapado y en la oscuridad no vio que había una víbora atrapada por la cola… y la víbora mordió a la mujer. Y la mujer enfermó.
El granjero, preocupado, quiso preparar un buen caldo para su esposa. Agarró su hacha y fue al gallinero para buscar el ingrediente principal: La gallina.
Como la enfermedad de la mujer empeoraba, los amigos y vecinos fueron a visitarla. Y el granjero, para poder ofrecerles algo de comer, mató el cordero.
Pero la mujer no mejoró y acabó muriendo y el granjero entonces vendió la vaca al matadero para poder cubrir los gastos del funeral…
Así que… (moraleja): la próxima vez que escuches que alguien tiene un problema y creas que como no es tuyo no le debes prestar atención… piénsalo dos veces.

domingo, 17 de octubre de 2010

receta 28

Aquí os dejo una receta para los que dicen que no saben cocinar o que no tienen tiempo.
ESPÁRRAGOS A LA PLANCHA CON VINAGRETA DE BERBERECHOS
Por una parte abrimos una lata grande de espárragos blancos, luego escurrimos los espárragos y los secamos con papel de cocina.
En una sartén con un poquito de aceite, cocinaremos con cuidado de que no se rompan, los espárragos medio fritos, medio a la plancha (en la receta original, los espárragos van empanados y fritos). Luego los sacamos de la sartén y los colocamos en una fuente (o directamente en los platos).
Por otro lado, mezclamos en un bol una lata de pimientos rojos asados que cortaremos en tiras, una lata pequeña de tomate entero y pelado que picaremos en daditos pequeños y una lata de berberechos bien escurridos (bueno, realmente no echamos al bol las latas, claro, sino el contenido de las mismas ;p).
Aliñamos esta mezcla con el aceite que ha sobrado en la sartén, una cucharada de aceite crudo, un poquito de vinagre, sal y ajo molido, revolviéndolo todo bien y la vertemos sobre los espárragos.
Muy complicado no es, pero el resultado es rico,rico
¡Ah! Y calorías, las justas

domingo, 10 de octubre de 2010

intentar amoldarse

Hablando de dietas (otra vez), hay que intentar amoldarse. Pero ¿amoldarse a qué? Pues un poco a todo.
Lo primero y principal, debemos asumir que tenemos que intentar amoldar la dieta a nuestra vida y no nuestra vida a la dieta. No podemos cambiar nuestro trabajo ni nuestras amistades solo por el hecho de estar adelgazando.
Hay cosas más importantes en la vida que una dieta de adelgazamiento.
Por ejemplo, si el médico nos manda un antibiótico para tratar una infección, aunque uno de los efectos secundarios de ese medicamento sea el aumento de peso, hemos de tener claro que en ese momento es prioritario curar la infección. Ya nos preocuparemos de bajar peso cuando hayamos sanado.
Por otra parte, el hecho de estar a dieta no ha de suponer que tengamos que convertirnos en anacoretas y renunciar a nuestra vida social.
Solo por estar a dieta no tenemos que dejar de salir con los amigos o evitar reuniones de negocios. Simplemente debemos abandonar el complejo del “qué dirán” e intentar compaginar lo mejor posible la dieta y las relaciones personales.
Seguro que si fuéramos diabéticos, o padeciéramos una alergia a un determinado alimento, no sucumbiríamos a muchas tentaciones sólo por el “qué dirán”.
De todos modos, unas veces será más fácil controlar la dieta en las reuniones sociales y otras veces, en cambio, encontraremos verdaderas dificultades. Pero si nos lo planteamos en serio o, mejor aún, en positivo, las dificultades que nos encontraremos no serán ni tan frecuentes ni tan ineludibles.
Y, aún a riesgo de ser pesado, vuelvo a repetir: Hemos de amoldar la dieta a nuestro ritmo de vida y no al contrario.