lunes, 28 de febrero de 2011

receta 30

Hace ya algún tiempo que no sacaba mis dotes culinarias a relucir por el blog y por eso os dejo una nueva receta que, como ya va siendo habitual, no tiene ninguna complicación y hasta el más negado e la cocina se puede animar a hacerla. Seguro que queda como un auténtico chef.
Allá va una variante facilita y rápida del clásico 
MELÓN CON JAMÓN
Necesitamos un melón mediano que esté maduro pero no blando, un cuarto de kilo de jamón serrano en lonchas finas, un par de naranjas y dos cuajadas.
En una fuente colocamos el melón partido en trozos, bien limpio de cáscara, pepitas y "telillas".
Colocamos sobre el melón el jamón troceado.
En un bol mezclamos bien las cuajadas con el zumo de naranja. 
Echamos esta mezcla por encima del melón y el jamón y lo dejamos un par de horas en el frigo antes de servirlo fresquito...
No digáis que no se os hace la boca agua!!!

domingo, 13 de febrero de 2011

padres e hijos

Mi cuñada Natalia me ha pasado un texto de Leopoldo Abadía . No sé qué pensaréis vosotros, pero yo comparto y subrayo su contenido y por eso lo transcribo para vosotros. Leedlo con atención,  tanto si sois padres como si sois hijos o padres e hijos.

""En muchas de mis conferencias, se levantaba una señora y decía esa frase que me a mí me hace tanta gracia: "¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?"
Ahora, como me ven mayor y ven que mis hijos ya están crecidos y que se manejan bien por el mundo, me suelen decir "¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros nietos?"
Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido: "¡¿y a mí, qué me importa?!". Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy poco.
Yo era hijo único. Mis padres fueron un modelo para mí. Se preocuparon mucho por mis cosas, me animaron a estudiar fuera de casa (cosa fundamental  que te ayuda a quitarte la boina y a descubrir que hay otros mundos fuera de tu pueblo, de tu calle y de tu piso), se volcaron para que fuera feliz. Y me exigieron mucho.
 
Pero qué mundo me dejaron? Pues mirad, me dejaron:
1. La guerra civil española
2. La segunda guerra mundial
3. Las dos bombas atómicas
4. Corea
5. Vietnam
6. Los Balcanes
7. Afganistán
8. Irak
9. Internet
10. La globalización
 
Y no sigo, porque ésta es la lista que me ha salido de un tirón, sin pensar. Si pienso un poco, escribo un libro. ¿Vosotros creéis que mis padres pensaban en el mundo que me iban a dejar? ¡Si no se lo podían imaginar!
Lo que sí hicieron fue algo que nunca les agradeceré bastante: intentar darme una muy buena formación. Si no la adquirí, fue culpa mía.
Eso es lo que yo quiero dejar a mis hijos, porque si me pongo a pensar en lo que va a pasar en el futuro, me entrará la depre y además, no servirá para nada, porque no les ayudaré en lo más mínimo.
A mí me gustaría que mis hijos y los tuyos y los de los demás, fuesen gente responsable, sana, de mirada limpia, honrados, no murmuradores, sinceros, leales. Lo que por ahí se llama "buena gente".
Porque si son buena gente harán un mundo bueno.
 
Por tanto, menos preocuparse por los hijos y más darles una buena formación:
que sepan distinguir el bien del mal, que no digan que todo vale, que piensen en los demás, que sean generosos. . . .En estos puntos suspensivos podéis poner todas las cosas buenas que se os ocurran.
Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho qué hijos íbamos a dejar a este mundo.
A la señora joven le sobraba sabiduría, y me hizo pensar. Y volví a darme cuenta de la importancia de los padres. Porque es fácil eso de pensar en el mundo, en el futuro, en lo mal que está todo, pero mientras los padres no se den cuenta de que los hijos son cosa suya y de que si salen bien, la responsabilidad es un 97% suya y si salen mal, también, no arreglaremos las cosas. 

Y el Gobierno y las Autonomías se agotarán haciendo Planes de Educación, quitando la asignatura de Filosofía y volviéndola a poner, añadiendo la asignatura de Historia de mi pueblo (por aquello de pensar en grande) o quitándola, diciendo que hay que saber inglés y todas estas cosas. 
Pero lo fundamental es lo otro: los padres.
Ya sé que todos tienen mucho trabajo, que las cosas ya no son como antes, que el padre y la madre llegan cansados a casa, que mientras llegan, los hijos ven la telebasura, que lo de la libertad es lo que se lleva, que la autoridad de los padres es cosa del siglo pasado. 
Lo sé todo. TODO. Pero no vaya a ser que como lo sabemos todo, no hagamos NADA.""  



lunes, 7 de febrero de 2011

Esos locos que corren

Llevo ya tres años corriendo. Si es que a lo que hago se le puede llamar correr. Comencé casi por compromiso con mi hermano y, casi a mi pesar, me ha entrado el gusanillo. No sé muy bien si me ayuda a mantenerme en forma. Espero que sí, a pesar de los dolores que aparecen casi a diario. Al fin y al cabo, ya no tengo dieciocho, aunque los tengo cumplidos. Lo que sí tengo claro es que, si correr no me ayuda a mejorar mi capacidad cardiovascular, al menos sí me ayuda, y mucho, a mejorar mi capacidad de sufrimiento.
Dicen que correr es de cobardes... o de valientes. Oí una vez que la diferencia entre ambos es que los dos corren, pero el cobarde corre hacia atrás y el valiente hacia delante.
El caso es que a día de hoy ya he corrido cinco medias maratones, cosa que si me la llegan a decir hace tres años, me hubiera parecido impensable. Y no descarto apuntarme e intentar terminar un día una maratón, aunque sea a gatas y en diez horas.
También he comprobado que el sufrir encima de unas zapatillas une mucho. Cuando te encuentras con alguien con quien compartes esta afición, da la sensación de que de pronto aparece un vínculo oculto y de pronto te encuentras compartiendo tus logros y tus miserias deportivas.
Cuando jugaba a fútbol-sala me divertía más. Al fin y al cabo, a fútbol se juega, pero a correr no. Pero no deja de ser un reto personal.
Sé que nunca voy a ganar una carrera. Con dificultad conseguiré bajar de cinco minutos el mil. Y me cuesta un mundo salir a correr solo. Pero estoy deseando juntarme con mi hermano Edu, con mi sobrino Alberto, con Dani, con Rubén o compartir experiencias con Alex, con Luis Angel o con cualquiera que sepa qué es esto de correr, aunque sea poco y despacio.
Hay quien sale a correr con música. A mi me gusta oír el ritmo de mis pasos y el jadeo de mi respiración. No me hace falta pulsómetro. Sé que cuando me falta el aire o se empina un poco el terreno, voy pasado de pulsaciones. y eso me ayuda a regularme.
Algunos me dicen que ya no tengo edad y yo les contesto ¿qué no tengo??? ¡¡¡ME SOBRA!!!

P.D.: Aquí os dejo un vídeo con un texto delicioso, pura poesía. Los que corren se sentirán perfectamente identificados. Los que no, nos entenderán un poquito mejor. Disfrutadlo.