miércoles, 28 de mayo de 2014

22 ya

Cuentan que los indios Cherokee tienen que realizar un ritual muy duro que han de superar los niños en su paso de la infancia a la juventud.
Cuando el niño empieza su adolescencia, su padre lo lleva al bosque, le venda los ojos y se va, dejándolo solo.
El adolescente se sienta en un tronco toda la noche. No puede quitarse la venda de sus ojos hasta que los rayos del sol brillen de nuevo en la mañana.
El niño vive momentos de miedo, de temor, de terror.
Puede oír toda clase de ruidos, bestias que rondan, lobos que aúllan, quizá algún humano. Escucha soplar el viento, crujen los árboles y él sigue sentado en el tronco, sin quitarse la venda. Así puede llegar a ser hombre.
Al final de esa tremenda noche, aparece el sol. El niño se quita la venda. Entonces, descubre a su padre sentado junto a él. Su padre no se ha ido para proteger a su hijo de cualquier peligro, sin que el hijo se diera cuenta.

Superar los miedos implica convertirte en una persona valiosa a tus propios ojos.
El miedo a ser uno mismo es de esos miedos que deberían ser ilegales.
De los miedos a superar, el más necesario es el miedo al cambio.
El único miedo que todos deberíamos tener es el miedo a no ser felices.

Y recuerda que si supieras quien te acompaña siempre por la senda que elegiste, nunca tendrías miedo ni incertidumbre.


No solo crezcas. Florece.
(feliz cumpleaños)

domingo, 11 de mayo de 2014

cultivando la buena suerte

Estaba haciendo de jardinero de primavera con las macetas de mi balcón y al regar la de los tréboles de cuatro hojas, que ya han brotado y están preciosos (lo podéis comprobar en la foto), se me ha ocurrido que plantar estos tréboles es una forma curiosa de cultivar la buena suerte.

Hay distintas definiciones para lo que se conoce como “buena suerte“. Se dice que es azar, un suceso imprevisto, favorable o agradable que ocurre por casualidad… pero si nos fijamos bien, la buena suerte casi siempre tiene sus raíces en una conducta anterior, ya que incluso los sucesos más improbables, como que nos toque la lotería, parten de lo que hemos hecho nosotros para que eso suceda. Es decir, si queremos que nos toque la lotería… aquí me acuerdo del chiste de un señor que iba todos los días a la iglesia a rezar: “Señor, por favor, haz que me toque la lotería” y así todos los días, uno tras otro: “Señor, por favor, haz que me toque la lotería”, hasta que un día, el Señor, harto de escucharle, le dijo: “Vale macho, yo hago que te toque la lotería, pero tú al menos tienes que comprar un décimo…”

En definitiva, la buena suerte sí existe, pero la hemos de provocar nosotros en la mayoría de las ocasiones y actuando, ya que quedarse esperando a que algo mejore no es la respuesta. Si no hacemos nada, la tendencia de las cosas es ir a peor. ¿No os ha pasado alguna vez?

Una actitud creativa dirá que la buena suerte es planear, explorar, descubrir y, si algo va mal, responsabilizarnos de nuestra propia realidad. O como dice Alex Rovira en su libro “La Buena Suerte”, crear Buena Suerte únicamente consiste en... ¡crear circunstancias! Y dado que crear Buena Suerte es crear circunstancias... la Buena Suerte solamente depende de TI.

Ésa es la buena suerte en la que creo y que intento cultivar. ¿Y tú? ¿cultivas tu buena suerte?

viernes, 2 de mayo de 2014

receta 49

Lo siento, me he despistado. Llevo ya mucho tiempo sin poner niguna receta en el blog y ya toca...
Por eso me he puesto manos a la obra y aquí os dejo una recetita muy facilona (en mi línea) de un postre para chuparse los dedos. Ya me diréis si tengo razón... o no.
 
COPA LIGERA DE YOGUR Y FRESAS
Cortamos en rodajas o en trocitos unas fresas y las ponemos a macerar un rato con edulcorante líquido.  Reservamos la mitad y la otra mitad la trituramos en la batidora.
Por otro lado, mezclamos  en un bol,  a partes iguales, yogur natural desnatado y  queso de untar light natural (o queso batido desnatado, de venta en grandes superficies).
En una copa  (o vaso) ponemos en el fondo unos trozos o rodajas de fresas. Encima, una capa de  la mezcla de yogur y queso. Encima una capa de fresas trituradas (esta capa se puede sustituir por  mermelada de fresa light) y encima de esta capa, otra de yogur y queso.
Decoramos con una fresa y una hojita de menta  y a disfrutar (fresquito, mejor).